En las cooperativas de trabajo europeas hay mayor igualdad de género que en el resto de las empresas

«En las cooperativas de trabajo de  Francia, Italia y España existe una mayor igualdad de género que en el resto de las empresas mercantiles». Esta afirmación ha quedado clara después de observar los resultados de la encuesta realizada por la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA) y otras organizaciones cooperativas y sindicatos de los tres países europeos, involucradas en el estudio, que forman parte del Proyecto Europeo «Mujeres Activas en las PYMES» (www.mujeresactivas.net).

 

En estos tres países se han recabado la opinión de 133 mujeres, número muy elevado a los planteamientos iniciales, previstos en el Proyecto, así como entrevistas en profundidad,  y se ha llegado una serie de conclusiones que fundamentan  que la mujer tiene en las cooperativas de trabajo una mejor calidad laboral, que incide en su vida personal y familiar. El perfil femenino en una cooperativa de trabajo de estos tres países,  es el de  una mujer que trabaja en el sector de los servicios, con estudios universitarios, de unos 41 años, casada o viviendo en pareja, y con dos hijos.

 

Las encuestadas han respondido en general, en los tres países, que tienen «bastante» conciliada la vida personal y la profesional. Además, prácticamente el total de las entrevistadas considera que en su empresa cooperativa existe igual salario por igual trabajo, que hay igualdad de oportunidades de formación y que ellas pueden llegar y llegan a puestos de responsabilidad. De hecho, más de un 50% de las participantes han llegado a puestos directivos en empresas cooperativas en las que existe una mayor presencia de hombres.

 

«En contra de lo que se dice, en cooperativas hemos demostrado que una mujer en un puesto directivo puede perfectamente tener hijos, y conciliar la vida laboral y familiar», explicó en las conclusiones Paloma Arroyo, directora de COCETA. «Se ha visto en las respuestas de mujeres que habían trabajado previamente en empresas mercantiles, y que se veían mucho más realizadas trabajando en cooperativas».

 

Sobre los resultados en Italia, Sabrina Luise, de la Confederación de Cooperativas Italiana Legacoop, puntualizó: «Según nuestras encuestas, si las empresas cooperativas fueran mayoría en nuestro país la Estrategia de Lisboa de 2020, ya se hubiera cumplido. Lamentablemente hay otro tipo de empresas que son mayoría».

 

Junto a Arroyo y Luise, y corroborando los mismos datos, participaron Catherine Friedrich (por la organización francesa de cooperativas de trabajo CG SCoop), Alessandra Brogliatto (de la italiana Confcooperative), Sandra Miotto (Agci) y Manuela López (Confesal).

 

Experiencias y Buenas prácticas

 

La presentación del estudio formaba parte del seminario, y acto de clausura, del proyecto; y se explicaron una serie de experiencias y buenas prácticas de género en la empresa. Una de las primeras intervenciones fue la de Purificación Alfonso, miembro de una cooperativa de Servicios de Galicia (España), presidenta de la organización territorial de cooperativas de trabajo  UGACOTA y miembro también de COCETA. Alfonso explicó su vivencia en la formación de pescadores, un sector básicamente masculino en los barcos  y femenino en la búsqueda de moluscos en playa.  «Cuando hicimos los cursos se notaba una gran diferencia entre hombres y mujeres», explicó. «Las mujeres tenían hambre de saber, de mejorar; y los hombres iban de forma obligada, obligados por el gobierno para que les dieran el permiso de pesca. La primera vez la situación solía ser de choque, pero cuando veían que la información que les dábamos era útil, se caían las barreras. Lo que sucedía era que nosotras teníamos que demostrar lo que sabíamos, ellos no».

 

Para Alfonso es muy importante la formación para la mujer, sobre todo por la confianza que genera. «Lo más importante no fue ya la formación técnica sino la confianza generada en las personas. Tenemos que superar las propias limitaciones que nos imponemos. A veces no  somos capaces de imaginarnos en esos puestos».

 

Entre las mujeres asistentes hubo consenso en cuanto a la dificultad de igualar las responsabilidades en la empresa y a su vez en el ámbito personal. «Muchas veces queremos negociar en la empresa lo que no somos capaces de negociar en casa. Eso tiene un impacto tremendo en nuestro desarrollo profesional», opinó Manuela López, de la Confederación de Sociedades Laborales de España, Confesal.

 

En este sentido también se pronunció Sandra Miotto, de la organización italiana Agci, aunque primó el ámbito institucional. «Nosotras tenemos más dificultades porque cumplimos varios papeles. Nuestro papel es predominante en el ámbito familiar, y también en el institucional y político. Si no conseguimos representarnos institucionalmente, va a ser difícil en otros ámbitos»

 

Otra de las intervenciones destacadas fue la de la española María Puertas, miembro de una cooperativa de servicios a las personas (centros de día,  asistencia a la tercera edad, ayuda a domicilio) de Bullas (Murcia). «Éramos cinco mujeres de una zona rural que trabajábamos para el ayuntamiento cuando privatizaron el servicio», comentó. «Entonces, no tuvimos otra opción que formar una empresa para presentarnos al concurso, y lo hicimos en cooperativa, porque nos gustaba la fórmula empresarial». La decisión fue acertada. Después de 20 años de trabajo, la cooperativa de María está integrada por 80 mujeres y dos hombres. El secreto de mantenerse, a pesar de las dificultades económicas generales ha sido siempre el saber reinventarse y e invertir en formación. Actualmente, entre quienes trabajan en la cooperativa hay desde personal de limpieza hasta trabajadoras soci ales, psicólogas o fisioterapeutas».

 

Sabrina Luise, de Legacoop, quiso resaltar en su intervención una interesante estrategia puesta en marcha por una cooperativa italiana de consumo que en la que trabajan 8.000 personas (de las que 6.000 son mujeres) y tiene también al 80% de las socias de consumo, mujeres. «Ellas inventaron un `Horario disociado´», explicó. «El mismo, tenía como objetivo central anteponer las exigencias individuales de las mujeres trabajadoras (y hombres) respecto a los requerimientos de la cooperativa. Así, se organizaron los horarios laborales día a día y semanalmente en una suerte de banco del tiempo en que hay muchas horas debito-crédito, que se eligen en base a las necesidades personales, en coordinación y solidaridad. Eso permite que se puedan llevar a cabo los requerimientos familiares; y eso permite que la empresa sea más eficiente, las personas que trabajan estén más motivadas, y el cliente más satisfecho».

 

A pesar de las bondades de este tipo de empresa, las 6  organizaciones que formaron parte del proyecto coinciden en que hay todavía mucho trabajo por hacer para lograr una igualdad real entre hombres y mujeres, pues las cooperativas no son ajenas al mundo en el que viven.

 

Al finalizar la jornada, que también contó con la participación de Denis Stokkink, del Think Tank Por la solidaridad, intervino Luca Pastorelli, de Diesis, organización social de ámbito europeo encargada de coordinar, junto a COCETA, el proyecto. Pastorelli apostó por ampliar el trabajo, en un futuro proyecto, para visibilizar las buenas prácticas  del sector en el entorno económico, social, y especialmente de igualdad de género.